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Joaquin Cortes

La franca cotidianidad de Joaquín Cortés con “El Tempo de la imagen”

Joaquin Cortes ExposicionEl fotógrafo y cineasta Joaquín Cortés (Barcelona, España, 1938) entabló una alianza con el azar desde el momento en que tomó en sus manos su primera cámara fotográfica. Recuerda que rondaba los 30 años y que, a partir de entonces, afinó su mirada para estar siempre dispuesto a capturar “aquellos detalles que otros no ven dentro de la vida cotidiana”.

Borrachos tendidos en las aceras, parejas de enamorados, niños corriendo junto a sus perros, un hombre que interroga a su reloj, y hasta el violento episodio en el que un caballo es domado dentro del llano apureño se detienen en el tiempo tras la lente de Cortés y consiguen perpetuarse como vestigios de instantes que sólo él valoró y no podrán repetirse.

Una selección de más de 60 fotografías capturadas por Cortés entre 1967 y 2007, impresas en blanco y negro con excepción de cinco imágenes, será expuesta a partir de este domingo 31 de enero en la sala Trasnocho Arte Contacto (TAC).

Las piezas formarán parte de la exposición El tempo de la imagen, con la curaduría de Carlos Ayesta, donde también se exhibirán fragmentos de documentales grabados por el artista. La apertura coincidirá con el bautizo del libro Joaquín Cortés, editado por La Cueva, que recoge imágenes de las cinco décadas de trayectoria de este creador que ha orientado su interés hacia el entorno.
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-¿Cómo atrapar en una fotografía la fugacidad de un instante cotidiano?

-Yo nunca estoy buscando una foto, la foto se construye ante mí, me encuentra y me sorprende en su geometría. La sorpresa de lo que ves es lo que importa y por eso nunca he preparado una foto de este tipo. Suelo decir que cuando ves un hecho ya es muy tarde para fotografiarlo.

-¿Es entonces la fotografía un oficio de intuición?

-A veces es de intuición, a veces de paciencia, a veces de velocidad o de instinto. Depende del contexto y de la situación.

-Londres, Nueva York, Río de Janeiro, Roma, Caracas y San Fernando de Apure son algunas de las ciudades en las que ha realizado su trabajo. ¿De qué forma cambia la captura del entorno en ciudades tan disímiles?

-En el fondo, todos los lugares son iguales, sólo que los protagonistas se visten diferente (risas). Es siempre lo mismo: la fragilidad humana, la violencia, el amor… contenidos que se repiten aunque se manifiesten de una manera aparentemente distinta. Claro que hay espacios que favorecen el proceso de estar por ahí atento a todo y con la cámara en la mano. Por ejemplo, me preocupa que fotografiar o grabar a la Caracas de hoy casi es un suicidio, creo que fui afortunado de trabajar cuando lo hice.

-Con su experiencia como cineasta, ¿cuáles vínculos señala entre cine y fotografía?

-La fotografía es la detención del movimiento, y podría decirse que de la vida, mientras que el cine sólo se logra gracias al movimiento, y por eso suelo centrarme en pensamientos distintos para practicarlos. En general, las fotos contienen toda su narrativa dentro de una sola imagen y la detienen en el tiempo. Esa es mi gran pasión.

-Yo puedo comprender a las personas de la antigüedad que temían que en las fotos les robaran un pedazo de su alma, porque creo que es así, que en cada foto uno atrapa la esencia de alguien. A veces miro mis fotografías y me pregunto qué será de la vida de esa gente.

-¿Recuerda la historia tras cada una de sus imágenes?

-Sí, a mí me quedan esos recuerdos al volver a verlas. Por ejemplo, el señor del reloj en Londres se molestó muchísimo conmigo, y tuve que decirle que estaba fotografiando la esquina y que no tenía la culpa de que él se atravesara (risas).

-¿Por qué mantuvo el uso de cintas de 35 mm y cámaras analógicas?

-No diré que esta es la mejor forma de todas, pero yo me desarrollé usando la película y para mí es importante el proceso artesanal del revelado, la calidad del resultado en el papel y la sensación de que mi foto existe ahí ante mí, en mi mano. Todas las fotos de esta exposición fueron realizadas así, y cuatro irán acompañadas por sus contactos, la línea de pensamiento del fotógrafo. Sólo las cinco a color fueron digitalizadas después, y sólo para su impresión. En todo caso, hace mucho que no tomo nuevas fotografías.

-¿Entonces, a qué se dedica?

-Acabo de culminar un libro sobre fotografía y me he propuesto escribir cuentos de asuntos cotidianos, sin héroes. Tengo algunos terminados que me satisfacen. Ya veremos si me atrevo a publicarlos.

(María Gabriela Fernández / El Universal)
30 de enero 2016

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