Cintillo Maratomico 2017
Salta Cortometraje

Cortometraje merideño en cuenta regresiva para Festival Tribeca 2017

“Salta”, primera producción profesional de Marianne Amelinckx, se estrenará en Nueva York como uno de los 57 cortometrajes en selección oficial este año, entre 4.385 títulos suscritos desde todo el mundo. La filmación, realizada en Mérida mayormente por estudiantes de ULA, tuvo como premisa la naturalidad, sin los actores tener acceso previo al guión.

Una historia de amistad contada en 14 minutos ha cambiado la vida de Marianne Amelinckx, joven cineasta de 27 años, egresada de la Escuela de Medios Audiovisuales de la Universidad de los Andes, ahora en competencia oficial en la edición 2017 del Festival de Cine Tribeca (TFF), convocado en Nueva York del 19 al 30 de abril.

Desde las aulas Amelinckx soñó con estar en Tribeca, aún sin tener cómo ni con qué. “Creo que, inconscientemente estaba esperando el proyecto ideal y, al parecer “Salta” (Dive) es el primero, ¡porque no será el único con el que lo intente! Crecí en Mérida dentro de una familia unida que siempre me apoyó, me impulsó a querer lograr las cosas que me movían y me apasionaban”, comenta vía correo electrónico desde Caracas, mientras termina de reunir los fondos para viajar a presentar su cortometraje y busca locaciones como asistente de dirección de un comercial.

-¿Qué expectativas tiene de NYC y del festival en particular?
-He ido algunas veces, pero no desde 2011. Esa vez recorrí la ciudad sola, a pie, caminé como nunca y fui a lugares que me inspiraron muchísimo. Uno de esos fue el sitio donde en algún momento estuvo “The Factory” de Andy Warhol… Siento que es una ciudad con una vibra maravillosa que seguramente tiene sus lados oscuros, pero se siente más el “todo es posible”.

La gente en la calle se ve como que va a lograr todo lo que se proponga. Sin duda tengo mucha emoción por el festival, pero no quiero crearme ninguna expectativa, voy abierta a todo lo que pueda pasar. Hay algo que me emociona mucho y es poder ver cine de tantos países distintos, conocer a los directores y sus historias. De hecho, ya algunos empezamos a intercambiar información. Queremos ver nuestros cortos y discutir sobre cine.

-¿Cuáles son sus películas clásicas y contemporáneas favoritas?
-Una pregunta difícil, sin duda. En general, me gustan las historias donde de alguna manera el protagonista no consigue su objetivo, pero tampoco es que queda desecho. En cuanto a directores, Lucrecia Martel es, claramente, una maestra del cine. Más allá del cómo cuenta las historias, lo que más admiro es que pareciera que encontró su propia voz, su propia manera de contar. Y de los clásicos, aunque me vaya para atrás, me encanta todo lo que hizo Méliès. No puedo evitar conmoverme cada vez que hablo de lo que aportó para el cine: no sólo contaba historias, se atrevía, hacía magia y encantaba a la gente. Era maravilloso.

-¿Cómo nació la idea y el argumento de “Salta”?
-La primera imagen que tuve fue la de dos amigas acostadas en un trampolín de clavados, por la noche, escapadas de casa. Luego, escuchando un disco nuevo de Tegan and Sara, una de mis bandas favoritas, empecé a recordar momentos de mi adolescencia, del colegio, con mis amigos.

De repente empecé a imaginar estas mejores amigas, de esas que están juntas en todo: colegio, natación, el cine, las fiestas. Y luego, de cierta manera, les di un “privilegio”: en ese trampolín ellas podrían tener conversaciones y vivir experiencias que fuesen sólo suyas y de más nadie. Ese trampolín es una especie de “lugar seguro” para ellas, un sitio para vivir y recordar.

-Los actores no tuvieron acceso al guión… ¿Cómo fue la pre-producción y filmación?
-Tuvimos un elenco de lujo: Iruaní Gómez (Julia) y Andrea Giurizzato (Amanda) fueron uno de los más lindos hallazgos del cortometraje. Son de Mérida, estudiantes de actuación, empezando la carrera, y eso era justamente lo que yo quería. Buscábamos chicas que se vieran frescas y que, de cierta manera, no tuvieran tanto miedo a soltarse y a confiar, pues no creo que sea una decisión sencilla una propuesta donde te dicen: “queremos hacer un corto pero no vas a saber la historia, ¿aceptas?”. Claramente les mostré referencias, hablamos sobre distintos métodos de actuación… Pero en realidad lo que más me gustaba era escuchar sus anécdotas.

También invitamos a sus verdaderos padres a interpretar a su familia en la historia. Los ensayos fueron ejercicios de improvisación que Camilo Paparoni, el director de fotografía, grababa. Queríamos que lo sintieran como uno más, no como el “camarógrafo”. Estos ejercicios nacieron gracias al trabajo de Tatiana Mabo, nuestra directora de actores, quien trabajó El Amparo, Jazmines en Lídice y La Familia, tres películas en las que yo también estuve como asistente y aprendí un montón. El aporte de Tatiana fue esencial en nuestro proyecto. En los ensayos, en general, todos jugamos, improvisamos y dejamos un poco las convenciones a un lado. Aprendimos muchísimo, pero creo que disfrutamos más.

-¿Fue difícil el financiamiento en medio de la crisis nacional?
-Fue financiado por el CNAC y contó con la inmensa ayuda de la Escuela de Medios Audiovisuales de la ULA, donde me gradué. Fue rodado en su totalidad en Mérida, con un equipo de lujo, conformado 80% por estudiantes súper talentosos. Desde sus inicios fue concebido como un cortometraje no ambicioso, que se ajustaba a las situaciones y locaciones que consiguiésemos. Esa fue nuestra premisa.

-¿Qué viene ahora?
-Por primera vez trabajo en comerciales. Creo que todavía me falta experiencia y aprendizaje para ser una opción de directora de publicidad. De hecho, no sé qué tantas mujeres haya hoy en día dirigiendo comerciales aquí en Venezuela. Por otro lado, “Salta” toca el tema de la adolescencia, que me apasiona y con el que me siento muy cómoda.

En nuestro cine no es un tema muy recurrente, casi todas las historias son de adultos o para adultos. Tengo una idea de largometraje que va justamente de eso: el colegio, fugarse de clases con amigos, tomar a escondidas, entrar a discotecas. Experiencias que formaron parte de mi adolescencia. Sea lo que sea que venga, seguramente será tan personal y honesto como lo que se hizo en “Salta”.

-¿Cuáles son las ventajas y desventajas del formato corto en relación a un largometraje?
-Cada uno debe contar una historia. Nunca he escrito ni dirigido un largometraje, pero en un largo normalmente tienes la oportunidad de profundizar más sobre los personajes, las situaciones. En un corto debes ir al grano, contar una historia en menos tiempo. Éste es apenas mi primer cortometraje a nivel profesional, quisiera que empezara una trilogía que hable sobre el amor y cómo a veces cómo a veces puede aparecer y desaparecer de manera inesperada.

-¿Qué retos y responsabilidades ve como joven cineasta ante la realidad nacional?
-A pesar de lo difícil que puede ser, hay un montón de gente, jóvenes o no, que siguen haciendo y proponiendo. Y es que creo que cuando hay pasión uno simplemente no puede parar. Retos para hacer cine hay muchos, en cualquier lugar del mundo. Nosotros tenemos los nuestros, pero también tenemos nuestras propias soluciones para poder superarlos. Creo que el mayor reto es mantenerse siendo honesto, contando historias que emocionen a quienes la hacen porque sólo así emocionará al que las ve.
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Ya tiene pasaje para aterrizar en Nueva York el 17 de abril, pero aún hay detalles por cubrir. Por eso abrió una campaña virtual de recolección de fondos, con recompensa para los contribuyentes, incluyendo la opción de ser “productor asociado” del cortometraje y asistir a alguna de las proyecciones: https://igg.me/at/saltaintribeca

(Andrés Correa / El Universal)
24 de marzo 2017

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