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Dimas Gonzalez

Dimas González desde las tablas: “El poder siempre usa máscaras y está en la oscuridad”

Dimas Gonzalez ActorLa pasión que siente Dimas González por el teatro es contagiosa. El año pasado se montó en un avión con un morral lleno de latas de sardina y viajó a China. No tenía dólares preferenciales, solo el pasaje en la mano y la necesidad de entrar en contacto con una cultura milenaria para crecer profesionalmente. Tuvo que hacer de mimo frente a centros comerciales para ganar algo de dinero y comió lo que había llevado como tentempié durante 15 días, pero asegura que valió la pena como experiencia.

Es el mismo actor y director venezolano que acaba de ganar un reconocimiento en el Festival Hispano de Nueva York por su trabajo como actor y director, en El rey de Francia, donde trabajó junto a su exalumno Pablo Andrade, quien vive en Estados Unidos desde hace cuatro años. González fue nominado como mejor actor del festival y después la Organización de Críticos Hispanos de Nueva York le dio un reconocimiento como mejor actor del año.

Este se agrega a la ya larga lista de galardones que Dimas González ha recibido por sus interpretaciones en cine y teatro, entre los que resaltan los de mejor actor en el Milan Film Festival del año 2009, por El pasajero, de Andrés Faucher, y el del Festival de Cine de Mérida 2010, por el filme Bloques, de Alfredo Hueck. También destacó su trabajo como coach de actores en la película Dauna, lo que lleva el río, de Mario Crespo, largometraje venezolano seleccionado a los premios Oscar.

Con El rey de Francia participó también en el XV Festival Iberoamericano de Almagro (España), organizado por Luis Molina (exdirector del Celcit) y su esposa Elena. Es un evento no comercial donde se le da cabida a grupos latinoamericanos. Luego finalizó el año con una mini temporada en el Ateneo de Caracas, antes de las elecciones, con Buenos días, Noruega.

– La obra ha ido muy bien y las críticas han sido excelentes y eso es parte de una estrategia y un esfuerzo de trabajo. He trabajado mucho y muy duro para que algunas cosas salgan bien. Yo creo que los premios me los he ganado con mucho esfuerzo, no creo en el talento, creo en el trabajo constante.

Dimas González tiene 41 años sobre las tablas, empezó en el Taller de Estudios Teatrales del estado Lara con una obra de Rodolfo Santana llamada Barbarroja. Se estrenó en un festival de teatro nacional después de un año de ensayos y de ahí se vino a Caracas.

– Tuve un maestro que fue el cronista de la ciudad, Herman Garmendia, hermano del escritor Salvador, que siempre me decía “mijo, ya no tiene nada que hacer aquí, váyase para Caracas”. Al pincipio me parecía un viejito fastidioso, pero un día le hice caso.

Una vez en Caracas, Dimas se formó en La Escuela Nacional de Teatro, en el laboratorio del maestro Horacio Peterson, en la escuela de Gonzalo Camacho, después ingresó al Celcit (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, que en aquel tiempo dirigía Luis Molina) y con el tiempo formó parte del Grupo Actoral 80 con Juan Carlos Gené.
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Dimas Gonzalez TeatroMenos público, más espectadores

Dimas González y María Gabriela Cedeño reciben al público que entra a la sala del Ateneo de Caracas así, sin vestuario ni maquillaje. Él da un discurso de bienvenida donde habla de la necesidad de la participación. Ambos asignan roles entre el público y comienza la función.

– El teatro tiene que cambiar y hasta el trabajo del actor tiene que cambiar, no sirve en las circunstancias en que vivimos y lo que está pasando en este momento en nuestro país. Lo que sirve es que todos seamos participantes. Así como dije al principio de la obra, todo el mundo habla de que esto lo tenemos que arreglar, pero nadie da el primer paso. Cada quien tiene que poner su granito de arena para reconstruir, pero eso no se puede quedar en palabras sino que tiene que convertirse en acción, en una parte activa. Y el actor tiene que partir de sí mismo para ser mucho más descarnado, más honesto mucho más directo, mucho más claro, que el público vea lo que le está pasando, que la parafernalia y el truco que hay en el escenario no estén y que si están el público lo sepa y lo entienda.

Dimas González establece la diferencia entre espectador y público.

– Público para mí es alguien que está sentado ahí, alguien pasivo. Pero el espectador es alguien que está a la expectativa. Cuando alguien está a la expectativa, está activo. En este momento mi planteamiento es que la obra la construyamos todos en el escenario, en un aquí y ahora. Que en un momento dado cada uno se convierta en participante y se haga responsable de sus emociones, sus sentimientos, sus acciones, de lo que piensa y de lo que dice y de lo que hace. Creo que así podemos tener algún día una manera distinta de reencontrarnos con ese arte maravilloso que es el teatro y que junto con la iglesia son los dos pilares que quedan en esta sociedad de persona a persona, donde le hablo directo al otro a la cara y veo lo que le pasa al otro y veo qué me pasa observando a ese otro ser.

¿Participar para qué? ¿Es un enfoque político, brechtiano? ¿Teatro comprometido?

– Por supuesto que yo creo que el teatro siempre tiene que ver algo con lo político. A veces me consigo gente que dice ser artista, pero no se mete en la política porque él se debe a un público; yo creo que esto no es así. El artista lo primero que tiene que tener es una posición política, no partidista, pero sí una posición y una actitud políticas.
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Dimas Gonzalez BloquesMás preguntas que respuestas

Dimas González considera que uno de los principios del arte, de sus fundamentos, es ejercer una actitud contestataria frente a las cosas que no funcionan en una sociedad. Esa es una responsabilidad del artista.

– El artista no está para pertenecer a nada ni a nadie ni a cosa ninguna, porque necesita ser libre para plantear lo que quiera plantear. Asimismo, piensa que quien hace arte no necesita partido político, no necesita religión porque en el arte están condensadas todas esas instancias. Creo que el artista tiene la posibilidad de producir interrogantes en el ser humano, de abrir un abanico de posibilidades, de ver y percibir desde distintos puntos de vista que te ayuden a reflexionar sobre tu comportamiento frente a la sociedad en que vives, qué debes hacer y cómo debes, de una u otra forma, colaborar para construir una sociedad mas habitable, más vivible, más humana donde quepamos todos.

Actualmente, González sigue al frente del Teatro Itinerante y trabaja con el dramaturgo Fermín Reyna, autor de las dos obras mencionadas, con el que el actor se siente identificado aunque admite que él es más confrontador.

– Yo soy más descarado, más sinvergüenza. Cuando agarro las obras de Fermín, le pido que hay que confrontar; entonces, él se siente expresado a través de los planteamientos que yo hago. Creo que hacemos una liga muy interesante, un equipo.

Dado que haces teatro político, ¿no teme incurrir en el panfleto?

– No, porque no hago panfleto. Esa es una de las cosas que hemos trabajado mucho en el grupo y por eso digo que el teatro es una posibilidad de dar al ser humano preguntas e interrogantes. El teatro se convierte en panfleto cuando quiero inducir al espectador a que piense de una manera particular y esa no es la función del arte, por lo menos así lo veo yo.

En ambas obras interpreta a personajes que juegan con la locura. Garrik de El Rey de Francia es un actor que confunde los personajes de Shakespeare y el Pablo de Buenos días Noruega es un profesor de psicodrama que se cree el doctor Stockman, un personaje de Ibsen. ¿El teatro es locura o lucidez?

– Aquí voy a lo opuesto: el teatro es locura y es lucidez al mismo tiempo. Es locura porque el arte es la base del instinto, de la creación, de los fantasmas que habitan en el ser humano, que salen y brillan en un determinado momento. Es locura porque es nuevo y porque produce miedo y a las estructuras del poder una de las cosas que les produce miedo es tener gente libre que es capaz de manifestar sus locuras. Pero las locuras del arte son maravillosas, extraordinarias, para mí podrían estar ligadas a la reconstrucción de la humanización del ser.

¿El poder usa máscaras?

– Sí, siempre. El poder siempre usa máscaras y está en la oscuridad. No se ve, está oculto en la sombra. A momentos se le puede quitar la máscara, a momentos se le puede desenmascarar porque creo que cada uno de nosotros es una luz y cuando ejercemos nuestro poder de liderazgo, esa luz es capaz de ir a la sombra y alumbrar.

El teatro en Venezuela, ¿cómo lo ve?

– Lo veo poco por eso no puedo hablar mucho. Creo que hay muchas tendencias, muchas maneras de verlo, de hacerlo. Yo respeto absolutamente todas las posibilidades y planteamientos de todo el mundo, pero en este momento me sumerjo en las mías. No tengo tanto tiempo para pensar en lo que están haciendo los demás. En este momento prefiero encerrarme profundamente en mí y ver qué es lo que quiero hacer y cómo quiero hacerlo y qué es lo que quiero decir.

¿Teatro de texto o de movimiento?

– En un momento determinado el Teatro Itinerante de Venezuela se fundamentaba sobre el teatro de texto. En este momento el mundo audiovisual se lo está comiendo todo, la gente ya no lee libros. Yo creo que es importante hacer una fusión, hacer un teatro de texto audiovisual. Pienso que ese recurso es importantísimo, porque es accesible y nos pertenece a todos. El teatro siempre tiene que buscar la manera de atrapar al espectador y utilizar todos los recursos que sean necesarios para expresar lo que se quiera expresar.

¿Qué prefiers hacer: cine, teatro o televisión?

– Me he dedicado toda la vida al cine y al teatro, no he hecho televisión porque no es algo que me interese particularmente. Si bien es cierto que hay actores extraordinarios en televisión; yo creo que la televisión sólo sirve para vender toallas sanitarias, champú, papel toalé, para hacer publicidad y el trabajo del actor se hace como chorizo y va un segundo plano. Ya estoy viejo y feo para la televisión.

¿Cómo se siente al ser docente?

– La docencia la vivo tan emotivamente y tan apasionadamente como lo que hago en el escenario. Cuando me preguntan eso digo que siempre lo mismo: hay tres cosas que me apasionan en la vida: dirigir, actuar y facilitar procesos creativos. Aparte de todo lo que hago soy coach profesional, me dedico a facilitar procesos para que la gente sea exitosa en lo que quiera logar y conseguir. Eso me encanta.

Precisamente en 2016 Dimas González volverá a armar su morral (no sabemos si lo llenará de sardinas) y viajará de nuevo a Nueva York, esta vez como coach de actuación para dar clases en la Gran Manzana, donde las luces en los teatros nunca se apagan.

(Eloi Yagüe Jarque / Efecto Cocuyo)
28 de diciembre 2015

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